Kabul, Afganistán — Un poderoso terremoto de magnitud 6, registrado la noche del domingo 31 de agosto de 2025 en el este de Afganistán, ha dejado más de 2.200 muertos y casi 4.000 heridos, según el balance oficial más reciente emitido por las autoridades talibanas. Se trata de una de las peores catástrofes naturales en la región en los últimos años.
Las provincias de Kunar y Nangarhar fueron las más afectadas. Enteras comunidades quedaron reducidas a escombros; en algunas aldeas, el 98 % de las viviendas colapsaron. Los equipos de rescate luchan contrarreloj entre réplicas, deslizamientos de tierra y caminos bloqueados para llegar hasta los sobrevivientes. Miles de familias han quedado sin hogar, expuestas a la intemperie y sin acceso suficiente a agua, alimentos ni atención médica.
Las operaciones humanitarias enfrentan enormes desafíos. Organismos internacionales advierten que los recursos disponibles son insuficientes para responder a la magnitud del desastre. El Programa Mundial de Alimentos alertó que, de no recibir ayuda internacional inmediata, las reservas de comida podrían agotarse en menos de un mes. India y el Reino Unido ya han enviado los primeros cargamentos de asistencia, mientras otras naciones preparan apoyo logístico y financiero.
La tragedia golpea a un país que ya enfrenta una profunda crisis humanitaria marcada por sequías, pobreza extrema, inestabilidad económica y el retorno masivo de refugiados. Ahora, el terremoto ha intensificado una emergencia que Naciones Unidas califica como “una crisis dentro de otra crisis”.
El gobierno de facto en Kabul ha declarado prioridad nacional la atención a los damnificados, pero la magnitud del desastre y las limitaciones de acceso internacional complican una respuesta inmediata y eficaz. Cada hora que pasa es decisiva para encontrar sobrevivientes bajo los escombros.

