Un agente de tránsito agredió físicamente a un conductor en pleno procedimiento vial. Ante el reclamo del ciudadano, el funcionario rompió todo protocolo, le escupió directamente en el rostro y huyó del lugar
sin dar explicaciones.
Lo más indignante vino después. Al exigir respuestas al segundo agente presente, este se limitó a responder con cinismo:
»No busque el mal…»
Por un lado, la evidente falta de protocolo e intolerancia del agente que agredió y abandonó la escena; por el otro, la intervención del acompañante, que talvez buscaba calmar los ánimos o si evadió la responsabilidad de actuar ante la falta de su compañero.


