Abdalá Bucaram escuchó su condena de 9 años y 4 meses de prisión acostado en una camilla, conectado a oxígeno y desde una clínica de Guayaquil. Así terminó la espera que, durante seis ocasiones anteriores, había impedido que se concrete la audiencia.
Tras escuchar la sentencia, Bucaram aseguró que está “totalmente anulada” y anunció que apelará de inmediato. Además, afirmó que presentará 40 publicaciones de redes sociales atribuidas al juez ponente, con las que pretende demostrar una supuesta animadversión contra su familia y sostener que el magistrado debió excusarse del proceso.
El Tribunal declaró culpables al expresidente y a su hijo Jacobo Bucaram por delincuencia organizada, en calidad de colaboradores, dentro del caso Pruebas COVID-19.
Según la Fiscalía, la estructura habría comercializado irregularmente unas 21.000 pruebas para detectar COVID-19 y otros insumos médicos durante la pandemia. Jacobo, de acuerdo con la acusación, habría pagado USD 321.600 en efectivo por parte de esa mercadería.
La sentencia también alcanzó a Leandro B., condenado a 13 años y 4 meses como autor directo, y a Sheinman O., quien recibió 2 años y 8 meses como cooperador eficaz.
Horas antes del fallo, Anthony Fernando González también renunció a la defensa técnica de Jacobo Bucaram, aunque aseguró que su salida no lo dejaba en indefensión.
Bucaram salió caminando de la clínica pocos minutos después de escuchar la sentencia, pese a que durante la audiencia permaneció en una camilla y conectado a oxígeno.


