La tranquilidad de la mañana en Cali se rompió con un estruendo que estremeció a barrios enteros. Un camión cargado con cilindros bomba explotó frente a la Escuela Militar de Aviación Marco Fidel Suárez, desatando una emergencia que dejó dolor, confusión y miedo entre la población civil.

Según reportes preliminares, al menos cinco personas perdieron la vida y más de una treintena resultaron heridas, entre ellas ciudadanos que nada tenían que ver con el objetivo militar del ataque. Viviendas, locales comerciales y vehículos quedaron reducidos a escombros y chatarra retorcida en cuestión de segundos.

La onda expansiva no solo destruyó muros y ventanas, también golpeó de frente la sensación de seguridad de una ciudad que, una vez más, revive el eco de la violencia.

El presidente Gustavo Petro atribuyó el atentado al Estado Mayor Central, disidencia de las FARC, y lo calificó como una “reacción terrorista” frente a la ofensiva militar en el Cañón del Micay. Por su parte, el alcalde de Cali, Alejandro Eder, activó el Puesto de Mando Unificado (PMU) para coordinar la atención a las víctimas y reforzar la seguridad.

Las sirenas de ambulancias, los vidrios esparcidos en las calles y los rostros de vecinos atónitos componen la imagen de una ciudad herida que exige respuestas. La Fiscalía y la Fuerza Aeroespacial investigan quiénes están detrás de este ataque que, más allá de los cálculos estratégicos, volvió a golpear el corazón de los caleños

Mientras tanto, las autoridades ofrecen 400 millones de pesos de recompensa por información que permita ubicar a los responsables, en una carrera contrarreloj por devolverle la calma a una urbe que hoy despierta entre el dolor y la incertidumbre.

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