El pasado sábado, mientras se desplazaba en su motocicleta por la vía La Margarita – Cuatro Varas, un fatal choque contra una estructura metálica le quitó la vida a Jhonder Castro en un instante, apagando la voz de un padre y compañero ejemplar.
La tragedia cobró desde el primer momento un matiz desgarrador por la impotencia de la distancia. Pocos días antes del fatal suceso, su esposa había tenido que viajar de urgencia a Venezuela por una emergencia familiar. Estando allá, a miles de kilómetros y con el corazón en la mano, recibió la noticia que nadie jamás quisiera escuchar: el hombre con quien compartió batallas, desvelos y esperanzas había fallecido. Sin poder estar presente para abrazarlo por última vez en ese instante ni realizar los trámites inmediatos, la desesperación y el dolor amenazaron con nublarlo todo.
Salir del país natal llevando solo una mochila cargada de sueños y el deseo ferviente de darle un futuro digno a los suyos es una historia que millones conocen bien. Con esa misma ilusión llegaron a Ecuador, hace ocho años, Jhonder y su esposa. Ambos trabajaban día a día con el sudor de su frente —él en las duras jornadas de las bananeras de la zona—, construyendo con esfuerzo la promesa de un mañana mejor para su pequeño hijo de ocho años, quien esperanzado los aguardaba en su tierra natal. Sin embargo, el destino fracturó ese anhelo de la manera más cruel.
Tras días de profunda incertidumbre y de enfrentar la segunda pesadilla que representaba la falta de recursos económicos, el amor y la perseverancia lograron abrirse paso entre el dolor. Hoy, finalmente, su esposa pudo retirar el cuerpo de Jhonder de la morgue del cantón Babahoyo para iniciar el ansiado viaje de regreso a casa.
Aunque el vacío es inmenso y la resignación tardará en llegar, el esfuerzo de su familia permitirá que Jhonder cruce nuevamente las fronteras que un día atravesó lleno de vida. Hoy emprende el viaje de vuelta a la tierra que lo vio nacer, donde su pequeño hijo y sus seres queridos lo esperan para darle el último adiós y brindarle la sepultura digna que tanto merece.

