Más de 60 disparos. Esa fue la cantidad de balas que usaron para acabar con la vida de Jacob Eliezer Macías Arboleda, un policía de solo 25 años.
La dimensión de semejante ataque es lo que causa conmoción: no solo lo mataron, sino que se ensañaron contra un joven que simplemente intentaba salir adelante.
Jacob prestaba servicio en Rocafuerte, Manabí. En sus días francos no descansaba: trabajaba haciendo carreras como «taxi amigo» en Guayaquil para generar un dinero extra. Fue precisamente durante una de estas jornadas, en el sector Nueva Granada, cuando sujetos armados lo emboscaron y descargaron una ráfaga completa contra él.
La mujer que llevaba como pasajera quedó herida, y Jacob murió poco después en el Hospital del Guasmo Sur.Lo que resulta devastador para su familia y la comunidad es la saña incomprensible del crimen.
Nadie entiende por qué se necesitó tanta violencia contra un policía tan joven que solo estaba trabajando en su tiempo libre. Mientras las autoridades investigan si entró por error a un sector peligroso o si lo estaban esperando

