EMILIO CARRILLO. DOCENTE PSICOLOGÍA CLÍNICA UIDE

Guayaquil. – Históricamente las generaciones de jóvenes han expresado de forma individual o colectiva conductas que reflejan aspectos de su identidad. Actualmente los Gen Z y Alpha como resultado de la influencia de los videojuegos y la participación en la comunidad de TikTok se manifiestan a manera de modismos como el denominado “farmear aura” una especie de representación subcultural y de relacionamiento en base a las necesidades psicológicas y sociales que se vinculan a los sentidos de pertenencia e integración social.

No se trata de un baile raro, lo que hacen busca generar carisma o respeto en una situación social, las acciones que se repiten buscan acumular simbólicamente puntos como en un juego y es lo que se concibe como “farmear”, y por otro lado, aura se vincula a la seguridad o la vibra que una persona proyecta, la popularidad de esta expresión en algunos contextos ha dado paso a las competencias entre quienes lo practican, al mismo tiempo, que en los vídeos de redes sociales también se dan diferentes formas de expresarse sobre ello, según su perfil e identidad virtual, buscando la simpatía de seguidores.

La tendencia es global con inicios en Indonesia y en América desde Brasil, de los clips editados y estéticos se trasladó a la vida real, como desafíos o acciones cotidianas que buscan una conexión generacional y vinculada a la cultura social, llegando al desarrollo de campeonatos oficiales, con espectadores y marketing. La evolución de los jóvenes en algunos contextos ha evolucionado, incluso en ¿cómo de forma auténtica buscan el respeto, la empatía y desarrollar su carácter? en un contexto donde las dinámicas comerciales también buscan integrar estas lógicas de comportamiento o de atención a la economía de consumo, y donde los adultos lo pueden ver como la falta de oficio o de una actividad orientada a su desarrollo laboral.

La práctica de estos comportamientos implica también la dimensión moral y espiritual de los jóvenes, la expresión de su identidad en el grupo de iguales tiene otros valores y expectativas de estatus, y la comprensión de estas manifestaciones no deben ser entendidas como patológicas o nocivas, si propias del periodo de su edad y desarrollo, que requieren la orientación de los adultos o la familia. Entendido como un juego, las diferentes gestos y respuestas de quienes son protagonistas y espectadores definen los puntos, y también se configura el disfrute que experimentan alrededor de ello, y que tiene como límites una sociedad que debe acompañar, educar y reorientar si fuera necesario en la construcción de la identidad y la vida social de los jóvenes.

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